Que Ventajas Supone El Admitir Que Nos Hemos Equivocado

Todo empezó con un error, Daniel W. Drezner pensó que la crisis económica supondría la estocada final al sistema actual. El fin del capitalismo y el colapso económico. No ha sido así, y de su error nació el libro El sistema funciona: cómo el mundo ha frenado otra Gran Depresión.

Pero no se quedó ahí. Drezner aprovechó para reflexionar sobre el error, un aspecto al que no damos tanta importancia como quizá deberíamos, puesto que es el paso previo a toda certeza, y por tanto, inestimable.

Persecucion en circulo

Los humanos estamos presos de las “zombie ideas”. Conceptos que la historia y la experiencia han demostrado como erróneos, pero que nos resistimos a aceptar; Así, incansables, repetimos programas, asociaciones de actos y rutinas que no han dado resultado, con la vaga esperanza de que en el futuro, por ciencia infusa, se vuelvan verdaderas. ¿No es un sinsentido? ¿Por qué no somos capaces de aceptar el error y hacer uso de él?

El caso es especialmente acusado en el mundo académico: pocos son los autores que aceptan que se han equivocado, que dan la espalda a su teoría una vez que se ha demostrado su falsedad. En realidad, el error, bien interpretado, solo es feedback, información útil (como dijo Edison: “No erré.

Aprendí mil maneras de cómo no hacer una bombilla”). La autora de Estar equivocado, Kathiyn Schulz, lo analizaba psicológicamente: estamos determinados instintivamente para creer que tenemos razón. De manera inconsciente tendemos hacia nuestras propias cavilaciones.

Lamentablemente la historia no ha sido buena con los erróneos. Así como prever un apocalipsis y errar es algo sin demasiada importancia, la experiencia no perdona a los optimistas que yerran. Les tilda de ingenuos y estúpidos, quizá porque en el caso del optimismo fracasado las consecuencias que se pagan son mayores. La historia ha estigmatizado a quien se equivoca y con ello ha plantado la semilla de otro mal imperante: el pesimismo. Mejor fallar por alarmista que por esperanzado.

Por suerte el mundo actual tiene una gran herramienta para corregir esto: internet. La globalización de la información, las redes sociales, los blogs, etc., permiten que cualquiera opine, dé su versión y replique. Es una gran herramienta para discrepar, discutir y sacar a la Luz los errores propios y ajenos. Más aún, nos familiariza con el error y la crítica.

Nos acostumbra a que nos quiten la venda de los ojos y admitamos que, como humanos, no pasa nada por equivocarse. Aceptamos nuestro fallo con mayor serenidad. A fin de cuentas, lo grave no es confundirse, sino persistir en dicho error.

Camino a la excelencia

Imaginemos un mundo en el que los estudios, experimentos y reflexiones erróneas tuvieran la misma exposición que los aciertos. ¿No sería útil? -“Señoras y señores, hemos lanzado esta teoría y tras varios intentos, podemos concluir que es falsa. Olvídenla y pensemos otra cosa”. Es posible que nos ahorráramos años, quizá décadas, de persecuciones en círculo detrás de la verdad si el flujo de información errónea fuera igual de fluido que el de los datos veraces. El error, en esencia, es el escalón que nos acerca a la verdad, a la certeza.

Si sabemos verlo desde ese prisma, es la esquina que, puliendo una y otra vez, da al elemento buscado (la verdad) la forma adecuada. La práctica lo convertirá en patrón de conducta, y con ello, en excelencia. La utilidad del errores discreta, pero crucial; sin equivocación el desarrollo humano se detiene, el éxito desaparece, el conocimiento se estanca, En definitiva, es el camino más rápido que nos brinda la realidad hacia el progreso. Está en nuestra mano hacer uso de sus enseñanzas.

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