¿Es Verdad Que Nuestro Cerebro Se Adapta A La Red?

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El cerebro sigue siendo un gran enigma, a pesar del enorme número de estudios que se le dedican. Aquí, una selección de las investigaciones, las publicaciones y las conclusiones más interesantes.

Era cuestión de tiempo y parece que por fin ha sucedido. Los nuevos usos de la era digital, al igual que todas las actividades y decisiones que hacemos cada día, han empezado a reconstruir la manera en que pensamos e interactuamos.

Ante la ingente cantidad de información que recibimos en la actualidad, nuestra atención comienza a dispersarse, dedicamos menos tiempo a fijar e integrar conceptos.

Paradójicamente, el aumento de información disponible no se está traduciendo en un aumento de la sabiduría, sino que nos está llevando, en opinión de algunos expertos, a uno de mayor ignorancia al no permitimos asimilar adecuadamente todos los datos de los que disponemos.

Por ejemplo, existen ya aplicaciones que resuelven problemas matemáticos, de manera que ya nadie tiene -si no quiere- por qué realizar los cálculos mentalmente, con lo que ello supone.

Otro aspecto que se ve afectado gravemente por los usos actuales de Internet es la capacidad de concentración y atención.

Poco a poco se está implantando en nuestros cerebros la incapacidad de fijar la atención durante más de unos minutos en una misma tarea, de manera que el pensamiento anterior, lento y pausado, poco a poco va cediendo terreno.

Si Descartes impuso la máxima “pienso, luego existo”, lo hemos sustituido por el “comparto, luego existo” de Mark Zuckerberg.

Para todos los expertos no se trata de un problema, sino simplemente de un cambio de paradigma.

Las redes sociales e Internet nos facilitan muchas tareas v el acceso al conocimiento, pero es nuestra responsabilidad separar el grano de la paja, buscar lo útil entre la marea de información que tenemos a nuestra disposición.

De esa manera, nuestra responsabilidad es mantener y cultivar el pensamiento crítico, reseñando periodos de tiempo a cultivar un pensamiento más profundo.

Como decía Ortega a sus alumnos, acostúmbrense a pensar un rato todos los días; es fatigoso, pero… ¡verán que bíceps se les ponen!

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