Mastín Tibetano: Una Raza Antigua Que Usaban Los Monjes Tibetanos

 

Durante mucho tiempo se le consideró el padre de todos los molosos: el mastín tibetano, o el mastín del Tíbet, es una de las razas de mayor importancia histórica, cuya extraordinaria imponencia le ha hecho convertirse en una leyenda.

De hecho, desde la Antigüedad, este extraordinario guardián siempre ha logrado excitar la imaginación de los que se han acercado a él.

Aristóteles describió la raza como «perros orientales feroces, nacidos de la unión de perros y tigres». Marco Polo habló de perros «altos como un burro y potentes como un león (en los rasgos y en la voz). Y esto es sólo por citar dos de las referencias históricas más conocidas de la raza.

Aunque su presencia en los territorios del Tíbet es milenaria, la cría de la raza como la conocemos hoy en día se inició alrededor de 1920-1930 por parte de aficionados ingleses. En los años 70 se han visto criaderos de la raza en Holanda que obtuvieron su reconocimiento oficial.

GUARDIÁN POR AMOR

La vocación del mastín tibetano es la de guardián de la familia y de su territorio. En la Antigüedad, los nómadas de su tierra de origen lo utilizaban para custodiar los campamentos y las aldeas, sobre todo por las noches Pasaba el día al lado de las tiendas de campaña, en compañía de las mujeres y los niños. Tal vez, esta antigua costumbre hizo que naciera en él su gran vínculo con el grupo familiar, el cual defiende incorruptiblemente y sin miedo.

A pesar de que tiene un carácter bastante independiente, para él es muy importante sentirse útil y parte de la familia siempre está listo para intervenir si es necesario y ser más activo, en la guardia, durante las horas nocturnas.

Teniendo en cuenta que avisa con un ladrido muy potente, hay que considerar la posibilidad de que esté en casa por la noche, ya que corremos el riesgo de que moleste a los vecinos si escucha cualquier sonido que considere sospechoso.

Por otra parte, es ideal que pueda vivir en un gran jardín, porque el Mastín Tibetano necesita espacio. Esto, por supuesto, no significa que podamos dejarlo siempre solo; es más, el contacto con su propietario y su amada familia es fundamental para él. Con sólo una correcta educación y sociabilización, esta esplendida raza da lo mejor sí misma.

SUS NECESIDADES

Aunque inteligente, equilibrado y muy ligado a su grupo, el mastín tibetano sigue siendo una mole de perro, con una gran capacidad para la guarda y, sobre todo los machos, un carácter dominante.

Por tanto, necesita a un propietario que comprenda su naturaleza y sepa imponerse como un verdadero líder, sin utilizar métodos bruscos (del todo inútiles, porque el Mastín Tibetano no tiene miedo a nada ni nadie), y con coherencia, seguridad y una buena dosis de carisma.

Un buen propietario ha de tener siempre presente la naturaleza reservada del perro y su sentido de la protección del territorio, que no tolera a otros perros y se muestra desconfiado con los extraños.

Siendo consciente del tamaño que alcanzará cuando sea adulto, el correcto propietario de un Mastín Tibetano comenzará su educación desde cachorro, aprendiendo a controlar adecuadamente a su compañero.

Durante el proceso educativo hay que tener en cuenta que, como muchos molosos, el Mastín Tibetano alcanza su madurez bastante tarde (3-4 años para las hembras, y no antes de los 4 años para los machos).

Desde el punto de vista físico, el Mastín Tibetano, es rústico y robusto, y no tiene problemas en particular si se le cepilla regularmente y se le alimenta de un modo adecuado a su tamaño y necesidades.

   
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