No Busques Excusas y Motívate Para Hacer Ejercicio

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Las rutinas no han de ser necesariamente largas o laboriosas (sobre todo, si tu meta es adelgazar o estar en forma).

Una tabla corta y con cabeza te puede ayudar a quemar muchas calorías si se centra en los grupos musculares adecuados.

De tres a cuatro veces por semana es ideal, ya que todavía te deja otros tres o cuatro días libres.

Los entrenamientos a intervalos de alta intensidad pueden durar solo 10 minutos; y así te aseguras un factor importantísimo: hacerlas a diario.

Si crees que no tienes tiempo, intenta anotar en qué empleas tu tiempo libre, y vuelve a reflexionar sobre lo que realmente tiene importancia.

1. Vivo muy lejos del gimnasio

Cuando hace frío, llueve o está ventoso, seguramente te apetezca más quedarte en casa, tirada en el sofá, y pasar del gimnasio (sobre todo, si ir a entrenar implica un tiempo de transporte).

Estamos de acuerdo. Incluso aquellas que están más motivadas pueden llegar a dudar de si ir o no cuando aparecen inconvenientes en el horizonte.

No tiene sentido apuntarse a un gym maravilloso si llegar a él te lleva 15 minutos de coche, algo que puede no apetecerte nada tras un duro día de trabajo.

Por eso, es mucho mejor apuntarse a uno más básico, pero que te pille al lado de casa.

Así, tan solo tendrás que buscar un momentito para entrenar, y el trayecto no será un problema.

2. He perdido la motivación

Sufrir caídas en la motivación de vez en cuando es normal, y si ello te ha hecho saltarte un par de clases, no pasa nada.

Pero no permitas que esto arruine tu esfuerzo, y trata de volver al buen camino.

Si te saltas un par de sesiones, recuerda que cuanto más tiempo pases sin entrenar, más dura será la vuelta.

Piensa en todo lo que te ha costado llegar a dónde estás; ¿realmente quieres echar todo tu trabajo por la borda? Seguramente no.

3. Hacer ejercicio me parece aburrido

El deporte no tiene que ser difícil y tedioso. Empieza por lo fácil, y ve incrementando la dificultad cuando estés lista. Busca algo con lo que disfrutes.

Esto parece obvio, pero para muchas, el deporte es un castigo, algo hecho para sufrir. En cambio, hay decenas de modalidades, y algunas pueden parecerte divertidas: bailar, escalar

Si te aburres con la rutina, prueba cosas nuevas, haz trabajar a distintas partes de tu cuerpo, cambia de intensidad.

4. No obtengo resultados

Seamos realistas: estos no van a llegar de la noche a la mañana. Eso sí, cuanto más te esfuerces, antes llegarán.

Sé paciente, date tiempo, y piensa en el deporte a largo plazo, teniendo en cuenta los beneficios para tu salud (más que en tu forma física).

Intenta mantener un diario en el que anotar progresos, por pequeños que sean: aguantar dos minutos más corriendo, coger más peso en la sala…

Prueba con estos trucos para mantener la motivación:

EL EJERCICIO ES UNA PRIORIDAD: Si ves el deporte como algo secundario y va al final de tus tareas y quehaceres diarios, nunca tendrás tiempo para él.

En cambio, si lo programas en tu agenda semanal y las demás actividades se pliegan a él, nunca te lo saltarás, y lograrás tus metas.

NO ESPERES MILAGROS: La gente en ocasiones se rinde porque busca una solución inmediata, y cuando no la logran, se desilusionan.

No vas a poder rehacer años de inactividad o a cambiar la forma de tu cuerpo en un mes. Sé paciente, y los resultados llegarán.

ASEGURATE DE HACERLO BIEN: Si tienes una meta determinada, y vas a invertir tiempo y esfuerzo en hacer ejercicio, asegúrate de que gastas bien tu tiempo y tu esfuerzo.

Piensa con calma exactamente qué es lo que vas a hacer y qué quieres lograr.

Sé honesta contigo misma y después, si es necesario, busca consejo y información sobre el tipo de entrenamiento que se ajusta a tus metas.

Por ejemplo, si quieres luchar contra la flacidez de tus brazos, haz pesas (no hace falta que corras). Si quieres un vientre plano, necesitas quemar grasa, no hacer abdominales.

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