¿Optimizas Por Coste, Plazo o Calidad?

A menudo la base del crecimiento tiene como premisas el conocido binomio coste/ingresos. Subir ingresos o bajar costes son los objetivos básicos y primordiales de la mayoría de empresas.

Calidad

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Ahora bien, aquellas con unos sistemas de producción o fabricación asociados, así como las que requieran de unos envíos de productos o entrega del servicio con elevada competencia en el sector en que se muevan, deberán incluir otras variables como el plazo o la calidad.

De toda esta mezcla surge una ratio que se soporta sobre tres pilares: coste, plazo y calidad. ¿Por dónde empezar?

Intentar abordar una mejora en costes, plazo y calidad simultáneamente sería en muchos casos un suicidio empresarial

Si no disponemos de los conocimientos o el proceso adecuado para implementar un cambio que repercuta directamente y de forma favorable en una de estas tres variables, la mejor forma de comenzar es, como sucede a menudo, probando.

Empresa y Coste

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Para probar hace falta marcar unos objetivos, y para ello disponemos de toda la información histórica acumulada.

Para empresas nuevas o proyectos emprendedores sin demasiados datos a sus espaldas, siempre se pueden hacer estimaciones o llevar a cabo una doble estrategia sobre la que ir viendo ventajas y desventajas en cada caso.

Los sistemas de producción y fabricación son especialmente sensibles a cambios en la forma de entender el proceso o de realizar entregas, es por ello que sirven como base para el estudio de desviaciones, tanto de tipo favorable como desfavorable.

Realizando un cambio que afecte al sistema de producción, veremos enseguida qué resultados nos muestra, cómo repercute en la propia fabricación, y el coste asociado que está siguiendo.

Todo ello, como avanzábamos anteriormente, siempre debe orientarse a mejorar una de las tres variables: coste, plazo y calidad, para así poder tener un mejor control sobre los efectos que tiene cada cambio.

Producción En Fabrica

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Y es que si realizamos varias (teóricas) mejoras pero no establecemos un objetivo final claro, podemos acabar mezclando conclusiones y datos, por lo que tomaríamos a fin de cuentas una decisión de negocio sesgada y con menos repercusión directa de la que creemos.

La priorización es esencial, y debemos detectar previamente a cualquier cambio sobre qué campo tiene un mayor margen de mejora la empresa y, a su vez, qué repercusión o sensibilidad al cambio tiene la misma.

Es decir, podría la empresa tener un enorme déficit en lo referente a los plazos de entrega, pero si el resto de la competencia tiene unas fechas de entrega bastante peores, advertiríamos que la capacidad de mejora en plazo es grande, pero la repercusión final sobre el mercado no sería demasiado relevante ya que el usuario percibe nuestra empresa como líder en cualquier caso.

Es una mejora, por supuesto, y una fuente de ventaja frente a la competencia, pero tal vez para el caso sería más interesante buscar acciones sobre los sistemas de producción, fabricación o entrega que mejoraran el margen asociado o bien a la calidad final percibida por el cliente.

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